El deterioro bursátil y la presión sobre el negocio reabren el debate sobre el futuro de Xerox y sus posibles caminos
Xerox atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La acción cayó a niveles mínimos —en torno a US$ 1,26— mientras la compañía confirmó un cambio abrupto en su liderazgo. No se trata solo de una reacción puntual del mercado, sino de la acumulación de tensiones que vienen gestándose desde hace tiempo.
Cambio de CEO en un contexto exigente
El anuncio oficial confirmó la salida de Steve Bandrowczak y la designación inmediata de Louie Pastor como nuevo CEO. Desde la compañía, el mensaje apuntó a sostener continuidad, reafirmando el guidance para 2026 y la vigencia del plan estratégico “Reinvention”. Sin embargo, el contexto en el que se produce este cambio le da otra lectura: no es una transición ordenada, sino una decisión tomada bajo presión.
Resultados que explican el escenario
Los números oficiales ayudan a entender el trasfondo. Xerox logró sostener ingresos por encima de los US$ 7.000 millones en 2025, pero ese volumen no se tradujo en rentabilidad. La compañía reportó una pérdida neta significativa, con una generación de caja más débil que en el año anterior y una estructura financiera exigida por el nivel de deuda. Este desbalance entre escala y resultados es, en buena medida, lo que hoy pesa sobre la percepción del mercado.
Reinvention: la estrategia que sigue vigente
A pesar del contexto, Xerox mantiene su hoja de ruta. El plan “Reinvention” continúa siendo el eje central de su estrategia, planteado como una transformación progresiva del negocio hacia mayor eficiencia, foco en el core y desarrollo de nuevas áreas de valor. Para 2026, la compañía insiste en ejecutar ese plan, capturar beneficios de adquisiciones recientes y fortalecer su balance, en un intento por recuperar consistencia operativa.
El rol del capital externo
En febrero, Xerox dio un paso relevante al anunciar una operación con TPG vinculada a activos de propiedad intelectual, que le permitió obtener US$ 450 millones. Más allá de la estructura de la operación, el movimiento es claro: la compañía busca ganar liquidez y flexibilidad financiera en un contexto donde los márgenes de maniobra se reducen. Es también una señal de que el proceso de ajuste ya está en marcha.
Private equity: hipótesis, no confirmación
A partir de este escenario comenzaron a circular interpretaciones sobre una posible salida vía private equity. Por ahora, no existe ningún anuncio oficial que indique un proceso de compra o un plan para dejar de cotizar en bolsa. Sin embargo, la combinación de valuación deprimida, presión financiera y necesidad de reestructuración hace que esa posibilidad empiece a aparecer en el radar del mercado como una alternativa lógica, aunque todavía no concreta.
Lo que está en juego va más allá de un trimestre o un cambio de management. El mercado empieza a preguntarse si el modelo actual de Xerox puede sostenerse sin ajustes más profundos. En ese contexto, las próximas decisiones serán determinantes. El ingreso de capital externo, el nuevo liderazgo y la ejecución del plan estratégico marcarán si la compañía logra estabilizarse dentro del mercado público o si, eventualmente, se ve empujada hacia un camino diferente.

