Lejos de desaparecer, la impresión encuentra un nuevo lugar en la oficina híbrida. Impulsados por la inteligencia artificial, los flujos de trabajo evolucionan y pasan de ser un diferencial a convertirse en estándar.
Durante años, el discurso fue claro y casi indiscutido: el futuro es digital, y las nuevas generaciones dejarían atrás la impresión.
Pero algo interesante está empezando a pasar.
Un reciente estudio de la consultora Quocirca (Future of Work 2030) muestra un escenario mucho más matizado —y bastante más optimista— para el mundo de la impresión.
El regreso de lo físico (cuando nadie lo esperaba)
Lejos de abandonar lo tangible, Gen Z y los millennials están impulsando su regreso.
Según el análisis de Quocirca, este fenómeno se refleja en múltiples industrias: el vinilo vuelve a crecer con fuerza entre los jóvenes, los libros impresos recuperan protagonismo —impulsados en parte por fenómenos como BookTok— y resurgen formatos como los zines, publicaciones independientes, físicas y personales.
Crecer en un entorno completamente digital generó, paradójicamente, una necesidad inversa: desconectar, tocar, experimentar. En ese contexto, el papel vuelve a ganar un atributo clave: credibilidad. En una era dominada por contenido generado por inteligencia artificial y por la creciente dificultad de distinguir lo real de lo sintético, lo físico funciona como ancla.
No se trata de rechazar lo digital, sino de usar cada formato de manera más consciente.
La sorpresa: los jóvenes valoran más la impresión que los mayores
Los datos del estudio Future of Work 2030 de Quocirca muestran algo contraintuitivo.
Solo el 20% de los trabajadores mayores de 45 años cree que la impresión será muy importante para su negocio en 2030. Entre los jóvenes de 18 a 34 años, ese número sube al 27%.
Esto rompe con una idea instalada durante años. Los jóvenes no son anti-print. Son selectivos.
Mientras generaciones anteriores tienden a ver la impresión como parte de un modelo heredado que puede dejarse atrás, los más jóvenes la utilizan con un propósito más claro. Lo digital para la velocidad y la eficiencia. El papel para el impacto, la comprensión y la confianza.
Un cambio más profundo: cómo ven el trabajo
El informe de Quocirca también muestra que el cambio no es solo tecnológico, sino cultural.
Las generaciones mayores suelen preferir modelos híbridos estructurados, que mantengan cierta separación entre el trabajo y la vida personal. En cambio, Gen Z y los millennials más jóvenes tienden a buscar entornos más flexibles, donde lo remoto se combine con espacios de colaboración, creatividad y acceso a herramientas de calidad.
En ese contexto, la oficina deja de ser un lugar de rutina para convertirse en un espacio de interacción. Y la impresión pasa a ser parte de esa experiencia, no simplemente un proceso operativo.
IA e impresión: una relación que redefine el rol del MFP
Otro punto relevante del estudio es la adopción de inteligencia artificial.
Entre los jóvenes, el 31% afirma que la IA mejora significativamente su productividad, frente al 17% en mayores de 45 años. Cuando se trata de impresoras multifunción, también aparecen diferencias claras: un porcentaje significativamente mayor de usuarios jóvenes valora funciones como asistentes que recomienden diseños o resuman documentos.
Esto cambia la percepción del equipo. Lo que antes era visto como un dispositivo transaccional empieza a ser interpretado como una herramienta inteligente dentro del flujo de información.
Lo que esto significa para la industria
Las conclusiones del estudio de Quocirca son claras. La impresión no compite con lo digital, lo complementa. El valor se desplaza del hardware hacia la experiencia. Y el MFP evoluciona desde un equipo periférico hacia un punto de conexión entre lo físico y lo digital.
Esto abre un terreno interesante para fabricantes y canales: integrar inteligencia, simplificar flujos y diseñar soluciones que acompañen la forma en que las nuevas generaciones trabajan.
El verdadero cambio: no desaparece, se redefine
El dato de fondo es contundente. Solo el 18% de las organizaciones opera hoy en entornos completamente libres de papel.
Esto sugiere que la convivencia entre lo físico y lo digital no es una etapa de transición, sino un nuevo equilibrio.
La impresión no necesariamente crecerá en volumen, pero puede encontrar estabilidad como parte de un ecosistema híbrido donde cada formato cumple un rol específico.
El verdadero cambio: no desaparece, se redefine
Durante años, el mercado asumió que el recambio generacional implicaría el fin de la impresión.
Hoy, apoyados en datos concretos de Quocirca, empieza a quedar claro que no.
Gen Z no elimina el papel. Lo redefine.
Lo usa menos, pero con mayor intención. Lo integra con lo digital. Y, en un entorno cada vez más saturado de información, le devuelve algo que parecía perdido: sentido.

