Había una vez el blanco y negro como tecnología de punta


Por Steve Weedon 

Observando una pantalla de TV en blanco y negro de 18”, estaba un nuevo adolescente sentado en el rincón al lado de la chimenea, el mejor lugar de la casa. La mirada fija en lo que era el partido de fútbol más importante en la historia inglesa. Después de 20 minutos de probar la antena con forma de platillo volador en varias posiciones alrededor de la TV, todos estuvieron de acuerdo en que la imagen granulada que estaban viendo era lo mejor que se podía obtener y la habitación completa se organizó con entusiasmo anticipado. Era la final de la Copa del Mundo, Inglaterra vs. Alemania Occidental en la ciudad de Wembley (1966).

La multitud estalló mientras los jugadores salían al campo de juego y los comentaristas nombraban a cada jugador. Cada niño pronunciaba los nombres mientras las cámaras se movían buscando primeros planos. Se escuchaban gritos de aliento escapando de las ventanas abiertas de cada sala de estar del país en ese cálido día de julio. Los equipos se dieron la mano uno con el otro y la reina Isabel II deseaba a cada jugador la mejor de las suertes antes de regresar a su trono real para disfrutar del juego.

Aviones de caza grises en formación triangular volaban bajo y ruidosos a través de  todo el estadio, despidiendo ondulantes columnas de humo gris y blanco a medida que planeaban verticalmente, después desprendiéndose en diferentes direcciones, dejando una estela de humo a su paso. Un país con inalterable adrenalina rugía de aprobación y mientras 96.000 espectadores veían al partido entero en color, otros 400 millones alrededor del mundo lo miraban en blanco y negro.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Alemania tomó una primera ventaja  y nuestros corazones se mantuvieron atorados en nuestras gargantas hasta que Inglaterra niveló el juego en 1 a 1, con un gol de Geoff Hurst a partir de un tiro libre realizado por Bobby Moore, el venerado capitán inglés.

Un par de horas más adelante y nos encontramos en el tiempo suplementario con un marcador de 2-2. Después de unos atroces treinta minutos y de morderse las uñas, Inglaterra vencía a Alemania con un marcador final de 4-2. Los jugadores ingleses alcanzaban el estatus de la inmortalidad instantánea; Booby Moore recibe un OBE y Alf Ramsey, director técnico del equipo, se convierte en Sir Alf Ramsey. Los alemanes, no habiendo aceptado la pérdida como legítima, pasaron a ganar Copas Mundiales en 1974 y 1990. Inglaterra nunca ha llegado a la final desde entonces.

Fue unos años más tarde que descubrí que el color de la pelota usada para el juego más importante en la historia inglesa era en realidad una pelota de cuero naranja. Los 96.000 espectadores, suficientemente afortunados por estar allí en vivo, tuvieron una experiencia diferente a la que tuvimos nosotros viéndolo en nuestras pantallas de televisión granulada, monocromo.

Así es el mundo de imágenes en blanco y negro. Es difícil imaginarlo hoy, a medida que el color prolifera en nuestro mundo actual. La tecnología ha avanzado, pero por supuesto todo lo damos por hecho. Las imágenes en blanco y negro en ese fatídico día de juego no quitaron la importancia, o la excitación, o la tensión, o la emoción de ganar para los 400 millones de espectadores de TV en blanco y negro alrededor del mundo. Nadie mencionó que la pelota era naranja; para mí era una sombra de color gris.

Fue un shock darse cuenta cuánto habíamos perdido porque lo habíamos visto solamente en blanco y negro. Pero era la tecnología de aquel momento. No vimos el césped verde, la bandera alemana tricolor o el agitar de las coloridas banderas del Reino Unido. Los periódicos también tenían sólo imágenes en blanco y negro. Mientras que la ignorancia fue felicidad, el color seguramente habría sido más impactante

La TV color se estaba desarrollando ya en 1953, pero tardó veinte años para llegar a ser producida masivamente en forma confiable y a un precio accesible. Fue en 1967, un año después de la Copa Mundial, que comenzó la transmisión color en pequeña escala en Europa. Para mediados de los 70, casi todas las estaciones de TV estaban transmitiendo en color y para 1979, todo el mundo se había convertido. La desaparición de la era blanco y negro había comenzado y la vida llegó a ser más colorida. No pasó mucho tiempo antes de que incluso no se pudiera comprar un televisor en blanco y negro.

Todos necesitamos color. Sin decir una palabra, el color nos dice mucho. HP lo sabe mejor que nadie. Primero lanzaron su impresora monocromo en 1984, la HP LaserJet con 300dpi. No fue sino hasta 1992 que mejoró la resolución a 600 dpi con la HP LaserJet 4, la cual también se jactó de ofrecer tóner microfino, nada menos que a U$ 2.199.

En abril de 1994, HP vendió su impresora láser número diez millones. Todas monocromo.

En septiembre de 1994, HP introdujo la impresora Color LaserJet con dos ppm en color y 10 ppm en monocromo con un precio de U$ 7.295.

En julio de 1998, HP vendió su 30 millonésima impresora Color LaserJet.

La familia de impresoras HP 4000, lanzada en 1997, trajo una resolución incrementada a
1200 dpi.

En diciembre de 2000, HP vendió su 50 millonésima impresora Color LaserJet y en 2003, su 75 millonésima.

 A través de estos números, resulta evidente que HP es una empresa que personifica lo que se necesita para tener éxito. Entiende lo que quieren los clientes y se esfuerza por inventar la tecnología para proporcionársela. Los clientes querían color: quieren entonces color perfecto. HP buscó mejoras para entregarlo sobre una base diaria.

En 2006, HP superó su 100 millonésimo  envío de impresora. Si es o no es testimonio de la  cultura de la  empresa siempre buscar mejorar y centrarse en lo que el cliente desea, no sé de qué se trata.

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