La escalada del conflicto en Irán vuelve a poner bajo presión al comercio global. Si el tránsito marítimo por el Estrecho de Hormuz se ve afectado de forma sostenida, el petróleo podría superar los USD 100 por barril, según análisis de la consultora Wood Mackenzie.
Y cuando sube el crudo, nuestro sector no queda al margen.
El impacto no se limita al combustible. El cartucho de tóner es, en gran medida, un producto petroquímico: plásticos técnicos, resinas, negro de humo y múltiples insumos derivados del petróleo forman parte de su estructura. Si el precio del crudo se mantiene alto, la presión sobre los costos industriales es inevitable.
A esto se suma la logística. Si los buques evitan la zona de conflicto y deben rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, los tiempos de tránsito se alargan, el consumo de combustible aumenta y las primas de seguro se encarecen. Resultado: menos disponibilidad de buques y mayor volatilidad en las tarifas de contenedores.
El sector de impresión depende fuertemente de la fabricación asiática. Cuando el flete sube y el tránsito se vuelve menos previsible, el costo total puesto en destino cambia rápidamente. Y en un mercado con márgenes ya comprimidos, absorber nuevos aumentos no es sencillo.
Tampoco es solo una cuestión de transporte. La producción de plásticos, acero y componentes electrónicos es intensiva en energía. Si el conflicto también tensiona los mercados de gas y electricidad, el costo industrial sube tanto para OEMs como para remanufacturadores.
La pregunta no es si habrá impacto, sino cuánto durará la disrupción. Si la situación se prolonga durante varias semanas, la presión sobre el nivel mayorista podría terminar trasladándose al canal y, finalmente, al usuario final.
El mercado de impresión no vive aislado. Está conectado al petróleo, a la petroquímica y a las rutas marítimas globales.

