IA en el canal de impresión: de la experimentación a la estrategia de negocio

La inteligencia artificial dejó de ser una curiosidad tecnológica para el canal de impresión y MPS. Según Quocirca, firma de análisis especializada en el mercado de impresión y captura, la IA representa hoy en promedio el 22% de los presupuestos de IT del sector, y dos tercios de las organizaciones planean aumentar ese gasto durante este año. El desafío ya no es probar nuevas herramientas, sino identificar dónde pueden mejorar realmente el servicio, la eficiencia operativa y la rentabilidad del negocio.

La IA se instaló rápidamente en la agenda de nuestra industria. Distribuidores, proveedores de MPS y empresas de servicios gestionados comenzaron a experimentar con herramientas capaces de generar contenidos, analizar información, automatizar tareas o asistir a sus equipos.

Pero, superada la primera etapa de curiosidad, aparece una pregunta mucho más relevante: ¿qué problemas concretos del negocio estamos resolviendo con IA?

El riesgo es convertir la adopción tecnológica en un objetivo en sí mismo. Chatbots, asistentes, herramientas de generación de contenido, sistemas de análisis y nuevos dashboards pueden parecer iniciativas razonables de manera individual. Pero cuando no existe una estrategia que las conecte con las necesidades reales de la empresa, el resultado puede ser una colección de experimentos con poco impacto.

La IA comienza así a entrar en una etapa diferente dentro del canal. Ya no debería importar tanto cuántas herramientas utiliza una empresa, sino qué resultados obtiene de ellas.

Primero el problema, después la IA
Para un distribuidor o proveedor de servicios de impresión, cualquier iniciativa de inteligencia artificial podría comenzar por algunas preguntas simples:

• ¿Mejora la experiencia del cliente?
• ¿Aumenta la eficiencia operativa?
• ¿Ayuda a los equipos a trabajar mejor y tomar mejores decisiones?
• ¿Genera un resultado que podemos medir?

Si una aplicación no responde claramente a ninguna de estas preguntas, probablemente estemos frente a tecnología buscando un problema, en lugar de un problema buscando una solución.

Nuestra industria ofrece numerosos espacios donde esta evaluación puede realizarse sobre variables muy concretas: tiempos de respuesta, disponibilidad de equipos y consumibles, costos por página, niveles de servicio, inventarios, mantenimiento preventivo, rentabilidad de contratos y productividad comercial.

Es allí donde la IA debería comenzar a demostrar su verdadero valor.

El riesgo del "cementerio de pilotos"
Uno de los efectos de la actual fiebre por la IA es la proliferación de pruebas aisladas. Un chatbot en un área, una herramienta de generación de textos en otra, un sistema de análisis que pocas personas consultan o una automatización que nunca termina integrada al proceso cotidiano.

El propio informe de Quocirca sobre el mercado de IA en impresión y captura (AI Vendor Landscape 2026) señala que persisten barreras importantes para una adopción más decidida: preocupaciones por la privacidad de los datos, riesgos de ciberseguridad y, sobre todo, una falta de claridad en muchas organizaciones sobre qué puede aportarles realmente la IA en la práctica. Esa incertidumbre es, justamente, el terreno donde prospera el cementerio de pilotos: iniciativas técnicamente correctas que nunca llegan a conectarse con un objetivo de negocio medible.

El problema no necesariamente está en la calidad de esas herramientas. Está en la falta de conexión entre ellas y los objetivos del negocio.

Por eso, la madurez en la adopción de IA probablemente no se mida por la cantidad de proyectos implementados, sino por la capacidad de seleccionar unos pocos casos de uso, integrarlos a procesos existentes y ejecutarlos correctamente.

La IA no necesita convertirse en un nuevo negocio
El canal de impresión tiene una tendencia natural a evaluar cada nueva tecnología preguntándose cómo incorporarla a su portafolio y cómo venderla a sus clientes. Con la inteligencia artificial, sin embargo, el mayor valor inmediato podría estar en otro lugar.

Antes de convertirse en una nueva solución comercial, la IA puede funcionar como una capacidad transversal que fortalezca los negocios que el canal ya desarrolla. Y esto ya no es una hipótesis: Quocirca ubica a Canon, HP, Ricoh y Xerox como líderes en estrategia de IA aplicada a impresión, con Konica Minolta como "major player", y describe áreas de crecimiento muy concretas para MPS, entre ellas el mantenimiento predictivo de equipos, la reposición automática de consumibles, la optimización del ruteo de trabajos de impresión y la mejora del uptime de la flota.

A esto se suma un rol cada vez más amplio de los proveedores de MPS: según Quocirca, el 89% de los responsables de IT considera que el MPS es importante para sus iniciativas de transformación digital. La IA puede profundizar esa evolución, ampliando el papel del proveedor mucho más allá de la gestión de dispositivos y documentos.

En ventas, la IA puede organizar información, identificar oportunidades y mejorar la preparación de propuestas. En marketing, acelerar y personalizar la producción de contenidos. En atención al cliente, reducir tiempos de respuesta y facilitar el acceso a información técnica.

Lo mismo puede ocurrir en áreas como servicios IT, seguridad, automatización o gestión documental.

El punto no es sumar "IA" como una categoría independiente, sino incorporarla allí donde pueda mejorar procesos y resultados que ya forman parte de la propuesta de valor de la empresa.

Esta diferencia es importante. Crear una estrategia de IA separada del resto del negocio puede terminar generando nuevas estructuras, herramientas y objetivos que compitan por recursos con las actividades principales. Integrarla a las capacidades existentes, en cambio, obliga a relacionar cada iniciativa con un resultado concreto.

El foco será el verdadero diferencial
A medida que la inteligencia artificial gane presencia en nuestra industria, también aumentará la oferta de soluciones que prometen transformar el negocio. Prácticamente todos los proveedores incorporarán algún componente o discurso relacionado con IA en el corto plazo.

El acceso a la tecnología, por lo tanto, difícilmente constituya por sí solo una ventaja competitiva.

Una demostración impactante no garantiza una buena implementación. Y una herramienta tecnológicamente avanzada puede ser irrelevante si no mejora ningún indicador del negocio.

La diferencia estará en la capacidad de seleccionar.

Antes de iniciar un proyecto de IA, una empresa debería poder responder cuatro preguntas básicas: qué problema resuelve, quién es responsable de implementarlo, cómo se integra al flujo de trabajo existente y qué indicador permitirá determinar si realmente funcionó.

Esto también implica aprender a decir que no. No toda herramienta interesante merece convertirse en un proyecto, y no todo proyecto necesita escalar. En una etapa donde la oferta tecnológica crecerá mucho más rápido que la capacidad de las organizaciones para adoptarla, elegir dónde no invertir puede ser tan importante como decidir dónde hacerlo.

El desafío para el canal de impresión ya no será simplemente adoptar inteligencia artificial. Será identificar unos pocos casos de uso relevantes, integrarlos al negocio y ejecutarlos correctamente.

La ventaja competitiva no estará en decir que usamos IA. Todos podrán hacerlo. Estará en elegir dónde aplicarla para mejorar el servicio, reducir costos, anticipar problemas y tomar mejores decisiones. En un mercado donde las herramientas estarán al alcance de todos, el verdadero diferencial será el foco.

Fuentes
Quocirca, "AI Vendor Landscape 2026" (17 de febrero de 2026): quocirca.com/content/quocirca-ai-vendor-landscape-2026
Quocirca, "Managed Print Services Redefined": quocirca.com/content/managed-print-services-redefined